Sentimiento de culpa
Podemos sentir culpa ante algún acto que hayamos cometido o dejado de cometer; esto es, por acción o por omisión.
Veamos un ejemplo.
Tú llegas del trabajo a casa muy enojado por algo que tu jefe te dijo o por algo que tus compañeros te hicieron. Tu hijo o tu esposa se dirigen a ti y tú los descalificas, los ignoras, los agredes o los ofendes, sin razón alguna.
Después te arrepientes y te sientes culpable.
Aquí lo que procede es darse cuenta de que, cuando tenemos un ataque de ira o enojo, es indispensable manejarlo de inmediato.
S i en el trabajo te hicieron algo que te hizo enfurecer, vete caminando a tu casa mientras piensas en otra cosa, para que gastes la energía física y el exceso de cortisol que está en todo tu sistema.
Recuerda los siete pasos del manejo emocional de la ira y llévalos a cabo antes de llegar a tu casa y entablar comunicación con tu esposa, pareja e hijos.
Vale la pena también identificar si no tienes algún hueco de rencor o resentimiento que vas llenando con piedrecitas, poco a poco, hasta que revientes ante cualquier estímulo mínimo, podríamos decir.
Hay otro sentimiento de culpa que sentimos cuando un ser querido fallece y nosotros nos culpamos por algo que hicimos o dejamos de hacer respecto a esa persona.
Pudo haber sido por no estar más cerca de él o de ella, por no escucharlo con paciencia, por no darle más atención o cariño.
O, por el contrario, porque le exigíamos o le llamábamos la atención por cualquier cosa que no hacía como nosotros le decíamos que hiciera.
Aquí es importante recordar una premisa que voy a poner con letra mayúscula:
NADIE PUEDE DAR LO QUE NO TIENE.
Recordemos que somos producto de nuestra historia personal y, por lo tanto, vamos a actuar ante los estímulos que se nos presenten de acuerdo con esa historia personal que ha formado a la persona que somos hoy.
Tú hiciste lo que pudiste de acuerdo con lo que sabías, pensabas y sentías en el momento de recibir el estímulo, DE ACUERDO CON TU BAGAJE PERSONAL.
Tú le diste a tu ser querido lo que podías en ese momento. Lo hiciste con la mejor intención posible y con todo el cariño que sentías.
Si faltó algo de edad, si se te pasó la mano, fuiste exigente o agresivo, se debió a lo que tú estabas sintiendo en ese momento.
NO PODEMOS CAMBIAR EL PASADO.
Escribe una carta a tu ser amado y pídele perdón por todo lo que hiciste que pudo haberlo lastimado y por todo lo que tú sentiste que él te había lastimado.
DALE EL PERDÓN.
Dile que estabas estresado, que no sabías cómo manejar la situación o tu dolor.
Dale las gracias por todo lo que te dio en la vida, nombrando cada cosa paso a paso.
Por ejemplo, comienza por lo más básico de la vida: un techo, comida, escuela, etcétera.
Dale las gracias por las veces que se sacrificó y dejó de hacer algo que le causaba placer para poder atenderte.
Por las veces que dejó de comprarse algo para él o ella para poder comprarte a ti algo que necesitabas o querías.
Dale las gracias por su paciencia ante tus agresiones, majaderías, respuestas y descalificaciones que tuviste con él o ella.
Eso lo puedes hacer en una carta o en varias.
La gratitud es una de las cualidades más importantes que podemos practicar con nuestros seres queridos, muertos o vivos.

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