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Competencias de la inteligencia emocional

Maria Josefa Lopez Garachana
17 sept
3 min de lectura

Ya hemos visto, como uno de los pilares más fuertes de la IE, el AUTOCONOCIMIENTO, que es el punto de partida.

Después vemos el AUTOCONTROL o control de impulsos.

Vamos a ver ahora algunas competencias de la inteligencia emocional. Son muchas y las voy a mencionar sin un orden específico.

Todas son importantes y todas colaboran a que la persona pueda incrementar su inteligencia emocional día a día, mejorar su desempeño laboral, sus relaciones interpersonales y lograr las metas que se proponga.

Una de las habilidades asociadas a la inteligencia emocional es la capacidad de, en ocasiones en segundos o minutos, darnos cuenta de cuál es el entorno en el que estamos entrando y percibir y detectar cuáles son los aspectos positivos o negativos que puedan existir en ese momento, en ese espacio, en ese lugar.

Hay personas a quienes las empresas contratan y les pagan muy altos honorarios para que visiten las oficinas y, sin decir nada, transiten y observen la fábrica o las instalaciones desde dentro, sin que las personas sepan que están siendo evaluadas.

Esto lo logran porque unen la capacidad del hemisferio derecho, con su concepto holístico, con el concepto analítico del hemisferio izquierdo.

Un ejemplo puede ser que lleguemos a una reunión y caminemos por el lugar teniendo la capacidad de saber cuál puede ser nuestro lugar idóneo en ese espacio, en ese lugar y en ese momento.

También podemos percibir con quién podemos iniciar una conversación, cuál es el clima laboral si es una reunión de empresa, cuál es el clima social si es una reunión amistosa y decidir entonces cuál es la conducta que vamos a seguir.

Si es una reunión de empresa, sólo participaré cuando me lo requieran. Si el ambiente es tenso y yo quiero demostrar lo maravilloso que soy, lo más probable es que el resultado sea negativo para mí.

En una reunión social, de antemano sabemos si fuimos requeridos por nuestra posición social, laboral o por compromiso.

Digamos que me invitan a una reunión social para festejar el nombramiento de una persona en su empresa, que implica un ascenso y una mejora económica.

El clima puede ser tenso si existen personas que sientan, inconsciente o conscientemente, envidia de la persona que están festejando.

También puede haber un ambiente cordial y una recepción amable, lo que no implica que yo me vaya a sentir necesariamente cómoda.

En ambos casos, lo que procede es SABER ESTAR.

Esto significa esperar a que nos hablen para entablar una conversación y hacer preguntas o comentarios acerca de la persona, del puesto y de la oportunidad que este nombramiento significa.

De ninguna manera voy a hablar de mí, de mis logros, de mis hijos o familiares que han triunfado en la vida, que han cursado estudios con magníficos resultados, que han viajado al extranjero, etcétera.

El objetivo de la reunión es festejar a la persona a quien le dieron el nombramiento y, por lo tanto, yo voy a evitar tomar el micrófono para hablar de mi persona o de mis familiares, ni de lo maravillosos que son.

Conviene también percibir cuándo es el momento oportuno para hacer mutis, para dejar la reunión.

Si la invitación fue por compromiso, asistir a la comida y escuchar los discursos es suficiente. Al terminar estos, podemos dar las gracias amablemente y retirarnos.

Comportarme como alguien con una personalidad histriónica no me va a redituar nada; tan sólo puede hacer que eviten invitarme en el futuro.

La discreción y la empatía para poder sentir la alegría que siente la persona por su nombramiento y compartir esa sensación me pueden traer muchas ventajas en el futuro, como ser tomada en cuenta para invitarme a próximas reuniones.

Saber estar implica llegar puntualmente, tener información del motivo de la reunión y, de ser posible, conocer el perfil de las personas que van a participar en ella.

Implica también evitar hablar de mí, de mis logros y éxitos o de los de mi familia.

Ser discreto y saber escuchar lo que se dice y lo que no se dice es básico para mantener una conducta congruente con el motivo de la reunión.

Saber cuándo hacer mutis es tan importante como todo lo anterior.

Vamos a practicar la capacidad de percibir cuál es el clima organizacional, emocional o social del lugar al que estamos entrando, y a incrementarla día a día.

 
 
 

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